En memoria de J.A.P.
Su escritorio es hoy
una orfandad sin letras,
un puerto que vio partir
al último navío.
No hay pulso en el papel,
pero el aire detenta
el eco de sus versos
que nos rescatan del olvido.
Dicen que la muerte
es un punto final,
pero el oficio nos enseña
que solo es un silencio.
Una pausa ineludible
entre dos estrofas
que todavía no hemos
aprendido a leer.
Ahora el trazo parece
haberse quedado dormido,
en un sosiego que no es
el final del poema.
Es el autor convirtiéndose
en su propia obra,
regresando a casa
a través de su pluma.
© 2026 Pablo Alejandro Pedraza
Buenos Aires, Argentina
Derechos reservados
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